Radio Bulevar

martes, 23 de marzo de 2021

EL PERDÓN DE TODO CORAZÓN

Aprender a perdonar es imprescindible para mantener el bienestar en una pareja. Descubre los efectos de no perdonar y la mejor manera de hacerlo.

Si tienes o alguna vez has tenido una relación de pareja, seguramente te hayas visto en la situación de tener que pedir perdón, o ser perdonado. Pero, aunque resulta lógico pensar que cuando fallas a alguien que amas, pedir perdón es lo correcto, no todo el mundo lo hace y éste no siempre funciona.


    ¿Por qué hay personas a las que les cuesta tanto pedir perdón?

    ¿Por qué hay personas a las que les cuesta tanto perdonar?

    ¿Qué efectos tiene no perdonar?

    ¿Cuál es la forma más efectiva y reparadora de pedir perdón?

    Recomendación

¿Por qué hay personas a las que les cuesta tanto pedir perdón?


Porque algunas personas tienen un “yo” muy frágil, y les cuesta separar sus acciones de su personalidad. De este modo, cuando la pareja les señala que han hecho algo mal, se lo toman como si se les estuviera insinuando que son malas personas. Esto provoca que vivan cualquier tipo de disculpa como una amenaza seria para su identidad y autoestima, y que por ello intenten evitarlas.

    Porque cuando estas personas sienten que sus imperfecciones están saliendo a la luz, lo primero y único que les preocupa es volver a recomponer su imagen, que se ha visto dañada con las acusaciones del otro, y en lugar de disculparse, se defienden por sentirse atacados.

    Porque en lugar de considerar las disculpas como una oportunidad para comenzar a resolver el conflicto con la pareja, entienden que, si reconocen sus errores, la otra persona inevitablemente, aprovechará la oportunidad para sacarle en cara acusaciones y errores pasados, por lo que prefieren evitar dichas situaciones y así no enfrentarse a escenarios difíciles de manejar.

    Porque tienen una visión del mundo muy polarizada, del tipo “todo blanco o negro”, y si se disculpan, temen que ellos tengan que asumir la plena responsabilidad, y que el otro pueda “irse de rositas” y exento de cualquier culpa.


¿Por qué hay personas a las que les cuesta tanto perdonar?

Porque hay personas que tienen una idea equivocada acerca de lo que significa el perdón: “si perdono… estoy dando la razón a quien cometió un error, me mostraré de acuerdo con lo sucedido, estoy abriendo la puerta a que la situación perdonada continúe ocurriendo, le estoy restando importancia a algo que me ha hecho mucho daño, etc.” Pero perdonar no elimina el daño sufrido, no lo borra de la memoria, y tampoco es una especie de permiso para que la persona perdonada vuelva a cometer el mismo error en el futuro.  Perdonamos para quitarnos el veneno del resentimiento que, con el propósito de lanzarlo a la pareja, acaba siendo autodestructivo; es decir, perdonamos para reducir los comportamientos negativos que surgen como consecuencia de haber experimentado una traición.

    Porque hay situaciones en nuestro día a día que nos pueden recordar la traición sufrida y hacernos experimentar de nuevo la emocionalidad negativa (rabia, ira, tristeza, etc.) del inicio del conflicto, dificultándonos de éste modo, el poder conceder el perdón.

    Porque al sentirnos heridos, es posible que, consciente o inconscientemente, queramos castigar a la persona que nos ha ofendido y busquemos oportunidades para lastimarla, en lugar de para perdonarla.

    Porque al perdonar al otro, es posible que nos invada una sensación de vulnerabilidad que asusta, y para seguir percibiéndonos fuertes, una opción es seguir manteniendo el rencor hacia el otro.


¿Qué efectos tiene no perdonar?

    La persona se vuelve esclava de la situación y vive constantemente recordando lo sucedido o incluso deja de vivir su propia vida.

    Se deteriora el vínculo de la pareja y se acumulan rencores.

    Se re-experimenta de forma continua emociones como la ira, la indignación, la tristeza, la decepción, la perdida de autoestima, el dolor o el enfado.

    Se construye una idea irreal acerca de la imposibilidad de poder fallar en la pareja.

Como vemos, perdonar no es algo tan sencillo como decir te perdono y olvido lo que pasó. Por ello, gran cantidad de parejas acuden en busca de ayuda profesional para conseguir entender el perdón y practicarlo de forma reconciliadora y que suponga una posible renovación de la pareja.

¿Cuál es la forma más efectiva y reparadora de pedir perdón?

    Expresa arrepentimiento por lo que hiciste: asume la responsabilidad de tus errores y no intentes “dar la vuelta a la tortilla”, pues este comportamiento es sumamente tóxico y, además, adictivo.

    Explica lo que sucedió: responde a todas las preguntas que tiene tu pareja para así evitar “que se monte una película” sobre cosas que no han sucedido, y no escatimes en detalles. Si se entera de cosas a posteriori que tú no le has contado, la traición aún puede vivirse como mayor.


    Asume tu responsabilidad: no le des vueltas a las cosas, ni busques otros culpables. Debes tomar responsabilidad completa del daño que causaste.

    Empatiza con tu pareja: especifica y explica que entiendes que lo que has hecho está mal, y el dolor que le puedes haber causado, y que comprendes cómo todo esto puede dañar a vuestra relación.

domingo, 7 de marzo de 2021

AMOR MUY FUERTE

 

    Mi pareja no me cuenta sus preocupaciones, ¿a qué se debe?

    El amor confluente, los cimientos de la relación saludable

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A veces, el primer amor no siempre llega en el orden correcto. Hay relaciones que acontecen en la edad madura, permitiéndonos descubrir a personas mágicas e inesperadas en cuyos abrazos nos gusta refugiarnos, porque huelen a hogar y sus besos saben a azúcar y fuego a la vez. Porque el amor maduro no entiende de edad, es digno y vital y energizante.



Un hecho común en muchos de estos casos en que se consolidan relaciones tan significativas en la edad madura, es que alguno de los miembros tenía la clara seguridad de que en su caso, las puertas del amor se habían cerrado para siempre. En ocasiones, almacenamos fracasos sentimentales tan desoladores que tenemos la sensación de que nuestro corazón, convertido ya en piedra, ha caído en lo más hondo de un pozo.

    Los amores maduros se encuentran en la media tarde de la vida. Son personas libres, tranquilas de corazón y ricas de pensamiento, porque en sus rostros bailan las sonrisas y las ganas por seguir queriendo. Porque a veces, el primer gran amor no siempre llega en el orden correcto

Hemos de señalar también algo importante. No todas las personas, solo por llegar a a los 50 o los 60 años, son capaces de construir un amor maduro, consciente y feliz. Hay muchos corazones amargos que no han purgado penas, que no han sido capaces de hacer ese viaje interior donde poder perdonar, donde hacer de las vivencias pasadas senderos renovados que transitar con ilusión.


Porque la madurez personal no la trae los años ni tampoco los daños. Sino la actitud y esa sabiduría de las emociones donde no todos han adquirido su doctorado, su maestría. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

hombre besando mujer

El amor maduro, construyendo presentes perfectos

Cuando uno llega a a esa edad en que las décadas han trazado en nosotros más historias de las que podríamos contar, nos vemos en ocasiones como esas frutas maduras ligeramente magulladas por los bordes. Ahora bien, no hay que olvidar nunca que las frutas maduras tiene un sabor mucho más dulce y placentero, que esas otras demasiados verdes, demasiado prietas y ligeramente amargas.

Nuestras vivencias no son un lastre. Al contrario, nadie debería ser el resultado de sus decepciones, de sus fracasos o aún menos de las heridas que otros les infringieron. Somos nuestra actitud ante todo lo experimentado, nunca un mero resultado. Por ello, el amor maduro añade al sentimiento una dosis de sabiduría para poder construir aquello que de verdad importa: presentes felices, presentes dignos y apasionados donde descubrirse el uno al otro.

Ninguno de los dos miembros renuncia a sus pasados, simplemente se aceptan, como se aceptan las pieles desnudas habitadas por algunas cicatrices, alguna arruga dejada por el tiempo en esos rostros y en esos cuerpos perfectamente imperfectos donde por supuesto, tampoco importan las décadas ni las decepciones. Solo el placer del aquí y ahora.


Sabios artesanos del amor

 Francesco Alberoni es un conocido sociólogo especialista en relaciones afectivas que nos ha dado libros tan interesantes como “Enamoramiento y amor”. Según él, el ser humano humano aún no ha comprendido cuáles son los mecanismos del amor auténtico y duradero. Muchos nos dejamos llevar por ese naufragio químico que es el enamoramiento, la pasión, la necesidad del uno por el otro, pero pocos llegan a entender que por encima de todo, amar es saber construir.


     El amor no tiene edad, porque el corazón no tiene arrugas, porque el amor si es intenso y puro, siempre es joven

 Los amores en la edad madura ya conocen sobradamente lo que es estar enamorado, por ello, lo que ansían en esta etapa de la vida es algo mucho más profundo a la vez que delicado. Desean intimidad, la complicidad de dos miradas que se entienden sin palabras, disfrutar de espacios comunes pero respetando a la vez la individualidad de cada uno. Ansían un vínculo fuerte y noble en el que trabajar e invertir cada día por ese pacto implícito pero presente: el amor.

pareja fusionada en un árbol amor maduro


Decía Erich Fromm que amar es un arte. No es solo una relación placentera, esa que nos aporta sin lugar a dudas el propio enamoramiento, ahí donde casi no se necesita hacer nada, solo sentir, solo dejarse llevar, respirar, soñar y dejarnos caer en los recovecos profundos del deseo.

sábado, 27 de febrero de 2021

¿EL AMOR NO SE PUEDE OLVIDAR ?

 

    Dicen que no hay amor como el primero o que, hay personas que nunca se olvidan, para bien o para mal. ¿Por qué pasa esto? ¿Se puede hacer algo para olvidar a aquél amor? Algunos científicos sostienen que sí. Otros no se atreven a plantearlo.

Amores que siguen en nuestra memoria

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    Me siento desconectado, como si lo que me envuelve fuera un sueño

¿Alguna vez te preguntaste por qué te acuerdas más de algún amor que de otro? Han pasado muchos años, y sin embargo recuerdas ese primer beso, esa primera vez que se dieron la mano, y hasta te produce una sensación de calidez. ¿Por qué hay amores que siguen en nuestra memoria?


Amor y memoria ya no es solo parte del trabajo de los poetas. Los científicos actuales se han lanzado a investigar y tratar de hallar soluciones a tan misterioso y curioso enigma. Pero, ¿de verdad hay alguna explicación científica para esto? En efecto, la ciencia nos explica que esto se debe más a la neurobiología que al trabajo laborioso de Cupido. En este artículo te ofrecemos las claves.

Amores que siguen en nuestra memoria: la importancia de la biología

Todos nos hemos sentido enamorados en un momento u otro. En este estado, experimentamos una sensación de bienestar y placer. Además, creemos que nada puede salir mal y que tenemos todas las de ganar. Por fin encontramos a esa persona que nos catapulta a nuevas experiencias. No queremos que acabe nunca.


A partir de varias investigaciones, como la de la Dra. Izabelen Garza, titulada Neurobiología del amor, dice que el amor libera dopamina, que produce sensación de placer. También, aumentan los niveles de noradrenalina, que aumenta el ritmo cardíaco y la presión arterial.

Cuando estamos enamorados disminuye el nivel de serotonina, el  neurotransmisor que nos preserva de la sensación de inestabilidad. Al bajar su nivel, necesitamos asirnos más firmemente a aquellos elementos que nos permiten sentirnos estables, o sea, la persona amada. Seguramente, esto hace que disculpemos (o no sepamos ver sus defectos).

Del amor y otros demonios

Varios investigadores sostienen, a través del estudio de imágenes cerebrales, lo siguiente:

    Cuando conocemos a alguien y sentimos un gran amor por primera vez, se crea en el cerebro un recuerdo muy detallado que no se borra tan fácilmente. Este fenómeno es conocido como el “efecto primario”.

Estos recuerdos quedan asociados a sensaciones físicas y emocionales, dejando una huella prácticamente indeleble. De hecho, cuando años después se intenta recordar un primer beso, uno puede sentir las sensaciones que experimentó en ese momento prácticamente como si estuvieran ocurriendo en este momento.


La neurobiología ha descubierto que aquellos eventos con alta carga emocional, se fijan con mayor intensidad en la memoria. Para que esto se produzca, participan dos estructuras esenciales del cerebro: el hipocampo y la amígdala.

El neurobiólogo Antoine Bechara dice que cuando una relación termina se produce una contradicción en nuestra mente. Por un lado ésta ha finalizado, por el otro, el cerebro sigue produciendo descargas corporales e imágenes relativas a esa relación amorosa. Le llama a esto “conflicto cerebral”.

Cuando terminamos una relación creemos que al finalizar el duelo y encontrar otra pareja se termina el nexo afectivo. Sin embargo, muchas veces nos encontramos escuchando una canción y automáticamente vuelve el recuerdo a ese amor del pasado. ¿A qué se debe esto?


La amígdala y el hipocampo siguen respondiendo ante estímulos que las activan. A esto se lo llama “marcador somático”. Son, pues, ciertas situaciones y eventos que disparan señales químicas a nuestro cuerpo. Esto no solo aplica al amor, aplica a todas las emociones, como el miedo, la angustia, la alegría, etc.


Pastillas para olvidar

La investigación y la ciencia no tienen límites. De hecho, ya existen investigadores que plantean la posibilidad de fabricar fármacos para “olvidar” esa persona. Aquella persona que en su momento fue tan especial y que hoy ya no está con nosotros. Quieren plantear la posibilidad de fabricar una especie de “pastillas para olvidar”.

domingo, 14 de febrero de 2021

¿ EL PRÍNCIPE AZUL LLEGARÁ ?

 

Nos preguntamos, ¿existe el hombre ideal? Ese del que tu tía, tu abuela o a veces tu mamá, hablan. Pero quizá el príncipe azul es una mera fantasía,argumentan.

“Ya llegará. Lo que pasa es que no tienes que buscarlo ni estar pendiente. Cuando menos te lo esperes, aparecerá tu hombre ideal”. Claro que sí, guapi. Que levanten la mano todas las solteras all the single ladies, que diría Beyoncé que en algún momento de sus vidas hayan escuchado esta especie de mantra con el que nos machaca la sociedad una y otra vez. Y por sociedad me refiero a, sobre todo, señoras mayores y amigas con novio y/o casadas.


Ya decía yo que veía mucha mano levantada. Por eso y porque me pagan por escribir, hoy estoy aquí para echar por tierra esta maldita muletilla con la que terminan muchas conversaciones sobre el amor cuando tú estás en medio del desierto de la soledad al que a mí me gusta llamar paraíso de la independencia y tu interlocutor vive ¿plácidamente?

“Cuando menos te lo esperes”…

Comencemos por el principio de la frase. ¿Me estás contando que esto es como cuando el camión llega de manera inesperada media hora antes? ¿O como cuando encuentras un billete de veinte  soles  en el bolsillo de tu pantalón? Vaya, que lo que quieren decir con esto es que el conocer a alguien que te interese, románticamente hablando, es algo totalmente inesperado, loco e increíblemente espontáneo.


No lo creo por una sencilla razón. Ni una de las relaciones estables que me rodean surgieron fruto de la casualidad. Me explico. Quizá el señor Y y la señora X se encontraron en una cena con amigos comunes que fijo que querían presentarlos o moviendo sus caderas al ritmo de Despacito en una noche de borrachera, ¿es eso casualidad? Pues sí y no, queridos. Por un lado, lo cierto es que no te esperabas coincidir con esa persona, pero eso no quiere decir que lo demás sea igual. Me explicaré mejor.

Una vez logrado el contacto, debes mantenerlo. Vaya, que esto es como si fueras autónomo y tuvieras que buscar clientes. Llámame poco romántica, pero es lo que hay y lo sabes. Después de ese primer encuentro, él, tú o los dos deben mostrar interés, intercambiar números de teléfono, cortejar… O bueno, más bien que él te procure porque, como buen macho alfa que es, él es quien debe acechar a su presa. Léase con tono irónico, por supuesto.


Además, no puedo con que ese “cuando menos te lo esperes” salga de boca de gente que ha hecho justamente lo contrario. Una cosa es que hayan intentado aparentar indiferencia hacia la otra persona lo típico de “hazte la dura y que te llame él”, pero al final estaban deseando esa llamada, las cosas como son.

Pero voy a ir un paso más allá y generar un poco más de polémica, si cabe. El ejemplo más claro que te puedes poner es el de cuando un chico le pide matrimonio a su novia que al revés no se puede, claro, después de que esta llevara años dándole indirectar y no precisamente sutiles. Es entonces cuando ella te llama y te dice: “Qué fuerte. No me lo esperaba”. Claro. Para nada. Un shock total.

… “aparecerá tu hombre ideal”

Pero sin duda, la mejor parte de esta célebre frase está en su final como en los helados en cono cuando se queda el chocolate al fondo. ¿Cómo que ‘tu hombre ideal’? ¿Y si solo quiero que sea un hombre? ¿Por qué tiene que ser ideal? Y sí, ahora me dirás que me quejo mucho, pero es que no puedo con ese concepto idealizado del amor romántico. Ni las relaciones de pareja son ideales, ni los hombres y mujeres somos ideales.

Todos tenemos nuestro lado oscuro, nuestros secretos, nuestros vicios, nuestras manías, nuestros días de “no me hables que hoy estoy que muerdo”… Y todo eso NO es malo. Al contrario. Sin embargo, estamos empeñados en agarrarnos a unos cánones en las relaciones personales que no se ajustan a la cruda realidad. ¿Y de dónde los hemos sacado? Pues de las novelas y películas románticas. Del ‘chico salva a la chica’, del ‘chico malo que cambia por ti’, del ‘chico te ve por la calle y te persigue para conseguir tu número porque le has encantado’, etc. Pero, ¿qué pasa con la ella?

He aquí el motivo por el que esta frase me incomoda mucho. Porque no se le dice a los hombres y nos ponen a las mujeres en ese puesto de espera, de estar sentada en el baile del escuela esperando impacientes la mayoría a que nos saquen a bailar. No quiero bailar con el más guapo, ni con el más ideal, ni tampoco quiero esperar a bailar con alguien. Bailar sola también es divertido.


Además, lo siento, pero...

lunes, 8 de febrero de 2021

AMOR; COMO EL PRIMER DÍA

 

Hacer que vuelva la ilusión del enamoramiento tiene que ver con cambiar el uso de atención a su pareja 

Muchas de las personas que llevan tiempo inmersas en una relación de pareja, llegan a un punto en el que sienten cómo esa ilusión propia de los inicios del enamoramiento se va desvaneciendo.


No es algo anormal, ni un fenómeno que habla mal de la calidad del vínculo afectivo; simplemente, es algo que pasa frecuentemente a medida que pasan los meses y los años. Ese sentimiento de aventura y de estar descubriendo una nueva manera de ver la vida va perdiendo fuerza, incluso aunque no podamos identificar un problema concreto con ese noviazgo o matrimonio.


Ahora bien... ¿es posible volver a sentir ese amor por la pareja que experimentamos durante la primera etapa de la relación? Aunque por definición cada momento de la vida es único, en muchos casos, sí hay maneras de hacer que el romance vuelva a surgir con mucha fuerza. Veamos cómo poner de nuestra parte para conseguirlo.

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Cuando se va la ilusión de los primeros días de romance

Cuando una relación de pareja empieza, la experiencia que se vive está fuertemente relacionada con la ilusión y la sensación de que hay grandes momentos esperándonos. Esto implica ciertas dosis de estrés, pero normalmente se trata de un estés sano, presente en su justa medida para mantenernos en vilo, pendientes de cómo se desarrollará ese noviazgo.


Además, ir aprendiendo poco a poco acerca de cómo es la persona por la que sentimos amor también es de por sí algo emocionante, y más teniendo en cuenta que a través de su punto de vista también aprendemos cosas sobre nosotros mismos (que, además, suelen ser positivas, dado los sesgos "optimistas" e idealizadores típicos de los que se han enamorado recientemente).

La zona de confort emocional

Ahora bien, aunque al principio de la relación todo son descubrimientos, poco a poco la relación de pareja va asentándose en hábitos y rutinas que le dan estabilidad.

Esto no solo tiene el efecto de hacer que la relación se consolide y tenga un espacio en el que mantenerse en el día a día (por ejemplo, mediante rituales como desayunar y cenar siempre juntos); además, tiene u efecto indirecto, pero determinante en nuestras maneras de sentir y de pensar. En concreto, se crea una especie de zona de confort relacionada con todo lo que tiene que ver con esa relación de pareja.

Así, el precio de hacer que la relación amorosa se estabilice y tenga medios materiales para prosperar (mediante hábitos compartidos y recursos materiales comunes) es ver cómo esas situaciones ilusionantes desaparecen y, con ellas, una parte de la satisfacción que se siente por el noviazgo o matrimonio.

La causa de esto suele ser variada, pero se cree que tiene que ver con dos factores básicos: el simple paso del tiempo y la repetición de hábitos y de "rutas mentales" desde las que se piensa en la pareja y en el papel que uno mismo juega en ella. En este último elemento podemos intervenir, para hacer que veamos el primero desde otra perspectiva.

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Del enamoramiento a la rutina

Hay que tener en cuenta que las relaciones de pareja son fundamentalmente la unión de tres elementos: recuerdos, y estilos de interacción entre dos personas, es decir, hábitos vividos en común. Cuando evaluamos consciente o inconscientemente nuestras relaciones de pareja, lo hacemos en base a los recuerdos que tenemos de ella (tanto los más antiguos como los más recientes, del mismo día) y en ellos los hábitos comunes tienen un papel muy importante, ya que vertebran esa narración.


Con el paso del tiempo, por fuerza, la simple probabilidad hace que aparezcan varias experiencias desagradables, generadoras de ansiedad o simplemente incómodas que viviremos junto a la otra persona.

Además, muchas de ellas no tienen por qué ser culpa de nuestra pareja, sino que forman parte de fenómenos externos a esta: un problema doméstico con las instalaciones del hogar, una crisis familiar con los padres, etc. Sin embargo, aunque ningún miembro de la pareja sea responsable de estas situaciones, esos recuerdos quedarán ahí y afectarán irremediablemente nuestra manera de percibir la relación.

Los problemas para dormir en la cama de matrimonio, la mala relación con un suegro, la necesidad de gestionar los gastos domésticos... son elementos que forman parte del día a día pero que, aunque no nos demos cuenta, asociamos a los recuerdos etiquetados como "amor y vida amorosa en pareja", en general. Esos recuerdos a no consistirán solo en salidas de fin de semana para conocerse mejor mutuamente, ni en paseos románticos por el muelle: en ellos también figurarán las tareas de limpieza del baño, las crisis de estrés que la otra persona ha experimentado por tener mucho trabajo, etc. La cotidianidad destruye cualquier cuento de hadas.

Conseguir que el amor en una pareja vuelva a surgir como al principio


Varios investigadores han propuesto la idea de que, dado que nuestros recuerdos y nuestros aprendizajes inconscientes de lo que es realmente la vida en pareja afectan al modo en el que experimentamos el amor, una manera de vigorizar a este último es reforzar la presencia de recuerdos positivos que podamos asociar a esa relación amorosa.