Radio Bulevar

sábado, 16 de enero de 2021

¿ AMOR PARA LA ETERNIDAD ?

 

¿Se acuerda ? Ese instante en el que conocemos a alguien excepcional, y el mundo parece ponerse boca abajo. Flotamos, cantamos y bailamos, se nos pone un agujero donde antes estaba nuestro estómago, y las endorfinas se encargan del viaje. Nos hemos enamorado.


La sabiduría popular sugiere sin embargo que ese amor intensamente apasionado es un fenómeno raro en asociaciones a largo plazo. El supuesto es que los picos de pasión de las primeras etapas de una relación, se acaban por desvanecer con el tiempo. Pero ¿y si esas mariposas del principio de una relación pudieran durar toda la vida? De acuerdo con un nuevo estudio publicado por investigadores de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, y Harvey Mudd College en California, es más que posible.

La investigación, titulada “¿Es el amor a largo plazo más que un raro fenómeno?” ­encuestó a 274 individuos casados sobre cómo clasificaban sus sentimientos por su pareja, desde un “para nada enamorado” a un “intensamente enamorado”. El 40 por ciento de los individuos casados durante más de 10 años afirmaron sentir el mismo nivel de amor por su pareja que los recién casados.


De acuerdo con el estudio, el comportamiento afectivo (las caricias, los abrazos, los besos, tomarse de la mano,..) y las relaciones sexuales, se correlacionaron con el amor intenso a largo plazo en el matrimonio. Aunque esto no es sorprendente: una encuesta reciente también encontró que las parejas se beneficiaban de manera similar de los mimos. Otros factores que contribuían a los sentimientos de amor intenso incluían pensar positivamente en la pareja, y pensar en ella cuando estaba lejos. Compartir actividades diferentes, nuevos desafíos y la felicidad general de la vida

Los investigadores encontraron también que ciertos comportamientos eran comunes entre las personas que amaban intensamente a sus parejas, con una diferencia significativa entre los sexos. Para los hombres, querer saber dónde estaba su pareja en todo momento se correlacionó significativamente con el amor intenso. Mientras que para las mujeres, la pasión por temas no relacionados con la pareja, sugirió que una mujer necesita satisfacer su necesidad de espacio, para contribuir al amor intenso por el otro.


Además, a pesar de que la satisfacción marital estaba estrechamente asociada con sentimientos amorosos, algunas personas que reportaron una baja satisfacción todavía informaron de un amor intenso por sus parejas. De hecho, la asociación entre el deseo y el amor físico intenso fue más fuerte para las personas que manifestaban una menor satisfacción con la relación. Este hallazgo sugirió que las parejas con problemas (por ejemplo, por desacuerdos sobre el dinero, la crianza de los niños, o la división de las tareas domésticas) todavía podían tener una fuerte conexión física y un intenso amor por el otro.

Así que ya lo sabéis. Si lográis encontrar ese mágico equilibrio entre compartir, encontrar vuestro espacio, y seguir sonriendo al pensar en esa persona especial, puede que las mariposas se queden con vosotros toda la vida.

La investigación, titulada “¿Es el amor a largo plazo más que un raro fenómeno?” ¬encuestó a 274 individuos casados sobre cómo clasificaban sus sentimientos por su pareja, desde un “para nada enamorado” a un “intensamente enamorado”. El 40 por ciento de los individuos casados durante más de 10 años afirmaron sentir el mismo nivel de amor por su pareja que los recién casados.

De acuerdo con el estudio, el comportamiento afectivo (las caricias, los abrazos, los besos, tomarse de la mano,..) y las relaciones sexuales, se correlacionaron con el amor intenso a largo plazo en el matrimonio. Aunque esto no es sorprendente: una encuesta reciente también encontró que las parejas se beneficiaban de manera similar de los mimos. Otros factores que contribuían a los sentimientos de amor intenso incluían pensar positivamente en la pareja, y pensar en ella cuando estaba lejos. Compartir actividades diferentes, nuevos desafíos y la felicidad general de la vida.


A pesar de lo que prodiguen los poetas, el amor no es para siempre. Al menos el amor químicamente puro, si se me permite la licencia. Otra cosa es que, tras caducar el amor neuroquímico, una pareja continúe unida y feliz, aunque no necesariamente bajo el manto del amor sino de muchos otros sentimientos similares. El cariño, la camaradería, la complicidad y otros.

Bueno, esto es siempre si obviamos a los mutantes. Porque hay mutantes que sí se pueden enamorar para siempre.

Los psicólogos sociales han detectado, en la mayoría de relaciones de pareja a largo plazo, una fase inicial de amor romántico y apasionado que acostumbra a durar de 9 meses a 2 años. Es una fase inicial, pues, en la que nuestro juicio está un poco distorsionado por los aflujos neuroquímicos (y quizá deberían cambiarse algunas leyes para adecuarse a ello: ya que en EEUU se estipula una espera de entre 6 y 24 meses para conceder un divorcio, quizá también debería estipularse una espera similar para conceder el matrimonio). Pero antes os hablaba de una serie de mutantes, personas que pueden estar enamoradas siempre de la misma pareja. La mayoría de nosotros, tras ese lapso de enamoramiento inicial, según los escáneres cerebrales, ya no mostramos una activación intensa del centro dopaminérgico de la ATV (la dopamina es liberada desde neuronas situadas en el área tegumental ventral (ATV). Pero en algunas personas que siguen emparejadas y asegurando que su pasión es idéntica a la del primer día, el circuito del placer de la ATV se sigue activando con fuerza al ver el rostro del ser amado.

La razón de existan estos casos tan particulares no está clara: ¿depende de la clase de persona de la que nos enamoramos, porque quizá es una suerte de media naranja perfecta? ¿O más bien es algo que ya poseemos biológicamente determinado?


Un equipo del Albert Einstein College of Medicine encabezado por la neurobióloga Lucy Brown hizo un estudio con hombres y mujeres de esta clase, los X-Men-Lovers, podríamos llamarlos. Explica el estudio el neurólogo David J. Linden en su libro La brújula del placer:

    Se obtuvieron escáneres cerebrales de los sujetos mientras contemplaban una fotografía de la cara de la persona amada. Como tarea de control, y tras una actividad de distracción para dejar que la pasión se enfriara, los sujetos miraban la fotografía de un conocido del mismo sexo y la misma edad que su amado, pero que no les despertaba ningún sentimiento en especial (…) Naturalmente, este estudio era puramente correlacional: no demostraba que las regiones que se activaban o desactivaban subyacieran a la sensación de enamoramiento. También debemos preguntarnos hasta qué punto estos resultados se deben únicamente al sentido de la vista. (…) Con todo, la pauta de los cambios cerebrales que acompañaban la visión del rostro del ser amado fue extraordinariamente coherente con los informes que habían elaborado los sujetos. (…) Y ¿qué reveló este estudio sobre el placer intenso y eufórico del enamoramiento? Pues que se corresponde con una fuerte activación del circuito dopaminérgico del placer, es decir, de la ATV y de ciertas áreas de proyección como el núcleo caudado. Como hemos visto, esta pauta de activación es similar a la respuesta a la cocaína o la heroína. Y ¿qué hay de la incapacidad de juzgar con objetividad a la persona amada? Podría deberse a la desactivación de la corteza prefrontal, uno de los centros de la capacidad de discernir, y a la desactivación de los polos temporales y de la unión parietotemporal, las regiones de la corteza que intervienen en la cognición social.


El problema es que los estudios realizados con escáner cerebral no permiten determinar si las diferencias observadas en la activación cerebral de los hombres y las mujeres se deben a influencias socioculturales, a diferencias genéticas o epigenéticas, o a ambas cosas.

cortesia x.c.

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